lunes, 10 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia.

Entre la docencia y mi profesión.
Por: José Francisco Arredondo Anguiano.

Mi nombre es José Francisco Arredondo Anguiano. Soy originario de la ciudad de Guadalajara en el hermoso estado de Jalisco. Mi formación profesional inicia con una carrera a nivel Tecnólogo en la especialidad de Mecánica Automotriz, la que cursé después de la educación secundaria durante 4 años. Después tuve la oportunidad de cursar una Ingeniería Industrial con especialización en mecánica la cuál cursé en 4 años también. Me especialicé como técnico automotriz en la planta armadora de autos HONDA ubicada en el municipio del salto, aquí en Jalisco. Terminé mis estudios de Técnico en Electrónica Automotriz. Actualmente estoy cursando la última etapa de la carrera de Técnico en reparación de computadoras automotrices. A lo largo de mi experiencia laboral he trabajado en empresas de la región tales como: Equipo Automotriz HEMEX S.A. de C.V., Sistema de Transporte Colectivo de la Zona Metropolitana de Guadalajara, en la concesionaria FORD Country, concesionaria CHRYSLER Camarena y en la fábrica de calzado Canadá por mencionar algunas. También emprendí un negocio de reparación de equipo diesel, el cual tuve que quitar por razones personales.
Al principio de mis estudios profesionales nunca pensé estar frente a un grupo de personas enseñando. Cuando estuve trabajando para la empresa CHRYSLER Camarena, el Gerente de Servicio me invitó a capacitarme fuera de la ciudad, en el puerto de Manzanillo en Colima. Accedí a tal invitación ya que la mayoría de mis compañeros de trabajo manifestaban no poder viajar. La capacitación duró un año aproximadamente y nos aplicaron un test para verificar que tanto habíamos aprendido. A partir de ese momento me eligieron para capacitar técnicos de la región en las concesionarias ubicadas en Guadalajara, gracias al perfil que tenía y al resultado del test. Me di cuenta que se me facilitaba interpretar la información y transmitirla a los técnicos de las concesionarias. El hecho de viajar cada fin de semana me obligaba a tener cierta organización, desde el tiempo para mi familia, hasta el tiempo que me dedicaba a analizar la información técnica de nuevos modelos de automóviles de la marca.
Uno de los maestros de la escuela donde me formé como tecnólogo, me buscó un día y me comentó que un grupo de alumnos en la escuela no tenía maestro y que si podría yo cubrir al grupo para que terminara el semestre. De repente la noticia me hizo pensar muchas cosas, ¿ser maestro? ¿enfrentarme a las travesuras de los alumnos? ¿cómo sería el nivel de aceptación?, si apenas tenía tiempo para mis actividades ¿cómo agregar una más? ¿a qué horas dormiría?...
En fin, después de unos días de reflexión, acepté ayudar a mi escuela pero bajo una condición, el apoyo lo podía dar solo en las horas de la mañana comprendidas entre las 7 y hasta las 9 para poder atender mi empleo el resto del tiempo y de lunes a viernes solamente. A partir de ahí mi vida cambió. Me veía reflejado en esos alumnos ansiosos por aprender. Las clases las preparaba utilizando el material que trabajaba en las agencias, adaptándolo al programa de estudios, dando información de primera mano a mis alumnos ahora.
Poco a poco me fueron incrementando la carga académica y debo confesar que me empezaba a gustar la actividad. Quiero manifestar que el primer año como docente no me pagaron porque no se aceptaba que un Tecnólogo impartiera clases al mismo nivel, sin embargo yo seguí trabajando. Al hablar con las autoridades superiores, el Director de la escuela en ese entonces defendió mi plaza y al final del año me pagaron las 24 quincenas juntas. Paralelamente estudiaba la ingeniería por las tardes. Durante ese primer año de actividad docente, confieso que trabajaba día a día preparando clase por clase y “ensayaba” dando la clase frente a un espejo largo que compré y que en veces le pedía a una de mis hermanas estuviera ahí para que me diera su punto de vista. Fue una experiencia muy interesante y chusca a la vez, pero me gustaba.
En la empresa donde trabajaba se dio un recorte fuerte de personal, el cual me afectó, pero para entonces ya tenía tiempo completo en la escuela. El sueldo inicial de docente era muy poco contra la responsabilidad que yo sentía, por lo que abrí un taller de servicio agrícola.
A partir de todo esto, ya no pude dejar la docencia, me empezó a gustar más y más y empecé cursos de capacitación docente, que debo confesar, me costaba mucho trabajo el entender lo que querían decir, pero ahí estaba yo.
Algunas personas cercanas a mí me decían que porqué estaba dando clases ¿para qué te quemaste tanto las pestañas? decían… sin embargo sentía y sigo sintiendo esa curiosidad de ver lo que sé reflejado en mis alumnos, ver en que grado habían aprendido lo que les comenté.
Ahora pienso que soy afortunado en estar aquí, trabajando para mi gente. Agradezco al destino, A Dios, a mis padres la oportunidad que me dieron de prepararme y ser útil en esta bella profesión. Tratar con personas, verlas crecer, verlas evolucionar, disfrutar de su cara de satisfacción al haber aprendido, verlas desarrollarse en el ramo.
Una de las satisfacciones más importantes que he tenido es el hecho de ver que los alumnos egresados vuelven a saludarme y platicar de sus experiencias en el campo, saber que les fui útil, que mi esfuerzo ha sido recompensado en cierta medida.
Cuando veo otros niveles educativos y otras escuelas, me siento satisfecho de trabajar en el nivel medio superior, porque es lo que domino, lo que me gusta hacer y lo que disfruto sin duda alguna.
Las satisfacciones son muchas porque me ha costado ser docente. En el trayecto de mi vida como docente he tenido la oportunidad de formar una familia a la que adoro y por la que trabajo, conservar a mi madre y hermanas en constante convivencia. Tengo muchos errores y muchos aciertos y cuando la balanza se carga hacia los aciertos pues trato de poner más empeño aunque me equivoque.
Por otra parte y sin ser pesimista, veo la otra cara de la moneda. He visto con tristeza que a algunos compañeros les es indiferente la capacitación, la atención a grupos, la poca calidad de sus clases, la falta de compromiso y el sueldo superior al mío. No es que yo sea una eminencia...pero no abuso.
En la docencia existen muchas actitudes que dejan mucho que desear de los maestros, como ejemplo podemos ver a los "maestros" de Oaxaca (no todos… ¡aclaro!), que protestan con actitudes violentas sin pensar en el ejemplo que estamos dando a los alumnos (posibles futuros maestros también), olvidándonos que las diferencias se arreglan con inteligencia y que las agresiones siempre dejan secuelas a una u otra parte y que en una situación de ese tipo nadie sale ganando.
Bien, pues esta es mi aportación y debo confesar que me he transportado de nuevo a esas épocas y que he vuelto a vivir con emoción.
Saludos a todos.

Diciembre de 2009.

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